Inicio, Relatos16-11-09 10:42 pm

Aquí os dejo el relato con el que participé en el TDL 8 que acaba de finalizar. El TDL es un concurso de relatos que organiza Sedice con carácter anual. He quedado en el puesto 22 de 53. Ha sido el primer TDL en el que participaba y viendo el gran nivel general y la amplia experiencia de muchos de los participantes, estoy mas que contento con mi puesto. Los 37 relatos mejor valorados se publicarán en una antología que se encargarán de editar desde Sedice.

Se propusieron seis temas: caos, muerte, sombra, supervivencia, sueños y tormenta, y había que reflejar dos de ellos en el relato.

No me enrollo más. Espero que esta pequeña historia os guste tanto como a mi me gustó escribirla:

 

Morir a los catorce

 

La débil luz de la luna se extendía perezosa, apenas iluminando el sendero del frondoso bosque por el que corría la muchacha. Iba descalza, llevando sólo unos calcetines blancos y un pijama de un color rosa apagado. Se llamaba Laura, acababa de cumplir catorce años, y sabía que esa era la noche en que iba a morir. Su perseguidor estaba cada vez más cerca. No podía oírlo, pero lo percibía. La cabeza le palpitaba con fuerza, notaba un fuerte pitido en los oídos y el corazón le latía desbocado. Sentía un miedo aterrador que sabía que se apoderaría completamente de ella y la paralizaría si tan sólo se paraba un segundo a recuperar el aliento. Volvió a pensar en sus padres, en su hermana pequeña, en los gruesos goterones de sangre que caían pesados al suelo deslizándose desde la brillante hoja del machete que sostenía aquella enorme figura enmascarada, vagamente iluminada por la pequeña hoguera, allí de pie, en mitad del campamento que había montado la familia entre risas la tarde antes.
     Recordó el hecho que le había permitido escapar con vida: era bien entrada la noche y Laura no había podido resistir más. Llevaba casi una hora intentando aguantar las ganas de orinar. Hacía mucho frío fuera de la tienda, pero al final decidió enfrentarse al relente de la noche antes que arriesgarse a hacerse el pipí encima. Se alejó de las tiendas porque sabía que se moriría de la vergüenza si por casualidad alguien la viera y cuando terminó de orinar se perdió durante unos minutos intentando regresar al campamento. Su padre siempre decía que Laura había nacido sin sentido de la orientación, y era cierto. Pero fue por ese pequeño detalle que aquella figura no la había encontrado en la tienda junto con su hermana Noelia.
     Y ahora Laura corría, mientras las lágrimas se deslizaban por sus sonrosadas mejillas. Y aquel hombre, aquella bestia, corría detrás de ella.
     Pasado el primer momento de salvaje y desbocado terror, un pensamiento fugaz había cruzado la mente de la chica: tenía que encontrar la caseta del guardabosque por la que habían pasado el día antes. Si lograba llegar allí, aquel hombre dejaría de seguirla y podría conseguir ayuda para su familia. Quizás no estaban muertos, quizás solo estaban malheridos, quizás todavía podía salvarlos, quizás…
     Tropezó con la raíz traicionera de un árbol y cayó al suelo con un golpe seco y sordo. Dejó escapar un grito de sorpresa. Intentó levantarse, confusa y desorientada, y el tobillo derecho le falló, mandándola de nuevo al suelo. El dolor la hizo sollozar. Bajó la vista y vio como su tobillo se empezaba a hinchar. Posó la mano con cuidado y la apartó con rapidez al sentir un relámpago de dolor al contacto.
     Miró desolada a su alrededor, y por una fracción de segundo pensó en rendirse. Apretó los dientes con fuerza y, agarrándose a un árbol cercano, consiguió incorporarse haciendo caso omiso a las punzadas que empezaron a sobrevenir cada vez que apoyaba el pie derecho en el suelo y que se superponían sobre el dolor sordo y constante que sentía en el tobillo. Empezó a renquear, dirigiéndose hacia donde esperaba, rezaba más bien, se encontrara la caseta del guardabosque.
     Recorrió no más de una docena de metros cuando casi chocó con la oscura figura que apareció de improviso delante de ella. Un grito de terror escapó de sus labios mientras se echaba hacia atrás.
     —No, por favor, no… —suplicó con voz entrecortada. Pensó en luchar, pero estaba cansada, tan cansada…
     La figura no dijo nada y Laura supo que no hacía falta. Comprendía lo que venía ahora. El machete la atravesaría una y otra, y otra vez. Ella notaría cada punzada cortando su cuerpo. Y dolería. ¡Cómo dolería! Pero sólo durante unos instantes hasta finalmente desaparecer. Resignándose a su destino, cerró los ojos y esperó. En lugar de la fría hoja mancillando su cuerpo escuchó:
     —Veruntamen in hoc nolite gaudere, quia spiritus subjiciuntur vobis: gaudete autem, quod nomina…
     Empezó a sentir una curiosa sensación de ingravidez, una extraña calma que la invadía. Y entonces recordó. Entonces supo. Fue consciente de aquello que una parte de ella ya sabía, del pensamiento que se le escapaba de entre los dedos como si fuera humo siempre antes de llegar a formarse, igual que se escapa la memoria de los sueños de la noche anterior al despertarte por la mañana.
     —Estoy muerta.
     La figura pareció vacilar un momento antes de continuar:
     —…vestra scripta sun in coelis…
     —Estoy muerta, ¿verdad? —repitió, esta vez dirigiéndose directamente a la figura delante de ella.
     La figura se acercó un poco y Laura pudo verle bajo el reflejo de la luna. Era un muchacho joven, no podía tener más de veinte o veinticinco años. Parecía desconcertado. El chico había escuchado que esto podía pasar a veces, pero nunca le había ocurrido algo semejante durante su corta experiencia en su trabajo.
     — ¿Sabes…? ¿Sabes que estoy aquí? Es decir, ¿puedes verme?
     Ella ignoró la pregunta y repitió:
     —Estoy muerta, ¿verdad?
     El muchacho tragó saliva y asintió.
     —Moriste aquí una noche de verano, hace dos años. Te encontró el perro del guardabosque a la mañana siguiente.
     Ella se quedó callada por un momento, como si intentara dar sentido a lo que él le estaba diciendo.
     — ¿Mi familia…?
     El rostro del joven se ensombreció.
     —Murieron esa misma noche. Los tres. Pero tú eres la única que sigue apareciendo en este bosque noche tras noche, reviviendo tu muerte y asustando a los campistas que visitan la zona.
     —Intenté huir —dijo ella, hablando más para sí misma que para el muchacho —Intenté buscar ayuda —continuó, con la voz entrecortada por la emoción. —Mi hermana, mi hermanita… mi madre siempre me dijo que cuidara de ella…
     —Lo hiciste. Buscaste ayuda. Luchaste hasta el final. Incluso ahora lo sigues haciendo, pero ya no tiene sentido. Tienes que dejarte ir. Ha llegado el momento de descansar.
     Durante un rato ella no dijo nada. Cuando volvió a hablar la voz sonó fría y cortante.
     — ¿Y el asesino? ¿Qué fue de él?
     —Lo capturaron. Está muerto. Se ha hecho justicia. Ya puedes descansar Laura. Puedes dejar de correr.
     —Sólo tengo catorce años. No es justo. Hay… había tantas cosas que quería hacer —dijo ella bajando la vista—. Nadie debería morir con catorce años. No es justo.
     —No, no lo es.
     El joven no dijo nada más, pues tampoco sabía que más podía decir. La muchacha tenía razón. No se merecía lo que le había ocurrido, pero raras veces la vida es justa.
     —Laura… tengo que continuar. Tu lugar ya no está aquí. Me resultaría más fácil si no opones resistencia.
     — ¿Dónde iré? ¿Estaré con mi familia?
     —No lo sé. Espero que sí.
     Ella levantó la mirada. Había una nueva serenidad en su rostro. Un sentido de aceptación.
     —Hazlo.
     Él asintió y comenzó de nuevo:
     —Veruntamen in hoc nolite gaudere, quia spiritus subjiciuntur vobis: gaudete autem, quod…
     La sensación de ingravidez volvió con más fuerza, y Laura se dejó llevar por ella sin oponer resistencia. Empezó a sentirse cada vez más ligera y su conciencia se fue difuminando, diluyendo, poco a poco.
     Miró por última vez el lugar donde había muerto y luego prestó atención al muchacho mientras éste cerraba el libro y la observaba con rostro serio y solemne.
     "No esté triste", intentó decirle. "Está bien. Todo va ir bien." Pero las palabras empezaban a perder su significado y de alguna manera ya no parecían tener importancia.
     Antes de desaparecer por completo y de que su conciencia finalmente la abandonara logró murmurar una última palabra de gratitud dirigida a aquel muchacho.
     —Gracias —le dijo.
     Y sonrió.

     
    Temas: Supervivencia, muerte

 

Inicio, Relatos19-07-09 9:14 am

Aquí os dejo un relato perpetrado durante un ejercicio de escritura automática. Se proponen tres palabras al comienzo del ejercicio y se tiene que escribir sobre la marcha durante un tiempo máximo de una hora lo que te sugieran esas palabras. En este caso las palabras eran: bibliotecaria, gato y talismán. Tardé unos 45 minutos y esto es lo que salió (habría que repasarlo un poco, pero para estar completamente improvisado creo que no está mal del todo):

 

Dorotea y el gato de la dulce mirada

El reloj de pared de la biblioteca acababa de marcar las nueve de la noche. Puntual como todas las tardes a esa hora la bibliotecaria, la señorita Dorotea Swan, salió de detrás de su escritorio y se dispuso a avisar a los rezagados de que tenían que abandonar el recinto. Asimismo como todas las tardes a esa hora la biblioteca se encontraba completamente vacía.
La señorita Dorotea, que a los 64 años de edad de señorita solo tenía el nombre, ya que nunca se había casado, aunque no por falta de pretendientes, sino por decisión propia, suspiró lánguidamente. Los tiempos habían cambiado. Definitivamente. Y para peor. Entre la televisión, los videojuegos y esa cosa llamada Internet la gente ya no tenía tiempo para leer. No, mentira. Sí que tenían tiempo, lo que ocurre es que preferían malgastarlo en otros menesteres.
Mientras recorría las grandes salas y observaba con orgullo las estanterías llenas de libros recordó con nostalgia aquellos tiempos de antaño, no tan lejanos, aunque así lo parecía, en que la biblioteca estaba llena de gente: estudiantes preparando sus exámenes, niños que se acercaban a leer de la amplia selección de cuentos infantiles. Amas de casa que venían buscando libros de recetas de cocina para sorprender a sus maridos, y éstos, que buscaban libros de historia o manuales de jardinería.
¡Ah, definitivamente los tiempos habían cambiado!
-Lo que daría porque todo volviera a ser como antes - dijo en voz alta, hablando para si misma. Su voz resonó en la ámplia biblioteca y Teodora no pudo evitar dar un respingo cuando una voz le contestó:
-Creo que podemos llegar a un acuerdo.
Era un gato negro. ¡Le había hablado un gato! Éste se encontraba sentado en sus patas traseras en una de las mesas de la biblioteca, y se estaba lamiendo una de sus patas delanteras.
Lo he imaginado, pensó Dorotea. Y se dispuso a espantar al gato.
-¿Y bien? - dijo el gato, mientras continuaba con su tarea.
-Me estoy volviendo loca - dijo Dorotea.
-¡Oh, por favor! Ahorrémonos toda esta parte. No tengo todo el día - dijo el gato, con tono de impaciencia en la voz. - Ahora viene la parte en la que te demuestro que no, que no es un sueño, y que no, que no te estás volviendo loca. ¿Podemos saltárnoslo? ¿Por favor? - Y el gato le echó una mirada tan dulce que Dorotea sintió que se derretía por dentro.
-Está bien… supongo - dijo, no muy convencida.
-Estupendo - dijo el gato, bastante mas animado - Bueno, a lo que vamos. Te cuento por encima: blah, blah, blah, blah, blah… soy Lucifer que he tomado forma de gato, blah, blah, blah, concedo deseos a cambio de almas humanas… blah, blah, blah, recogeré tu alma cuando mueras, hasta entonces puedes hacer lo que quieras, blah, blah, blah… Creo que ya está. ¿Alguna duda?
-Pues… no se si…
-Estupendo. ¿Cuál es tú deseo? ¡Ah, y por favor, nada de cosas como la paz mundial, o chorradas de esas! Dos motivos: soy malo y ni siquiera yo tengo poder para conseguir cosas imposibles. ¡La paz en el mundo! - y el gato empezó a revolcarse de risa en la mesa - ¡Cómo si eso fuera posible con vosotros, los humanos!
Dorotea se quedó pensativa. ¿Qué cual era su deseo? Su primer impulso era pedir la paz mundial, pero ya la había avisado aquel gato tan mono que eso no podía pedirlo. Además, ahora que lo pensaba, lo de pedir la paz mundial lo había decidido mas porque es lo que se espera que diga una, mas que por que realmente le interesara. Siguió cavilando pero no conseguía decidirse.
-¿Me das unos días para pensarlo? - preguntó esperanzada.
El gato la miró, abriendo mucho los ojos.
- ¿Pero tú te piensas que tengo todo el día? Te doy cinco minutos, y porque hoy me siento generoso, y me acabo de comer una rata del tamaño de un cachorro de perro - contestó, relamiéndose los bigotes y ronroneando satisfecho.
Dorotea pensó a toda velocidad.
Cinco minutos más tarde, el gato habló:
- Se acabó el tiempo. Necesito una respuesta ahora.
-Muy bien. Ya se lo que quiero.
-Estupendo, Adelante, sorpréndeme.
Dorotea le dijo su deseo. El gato sonrió malicioso.
-Excelente. Muy imaginativo, y muy cruel. Me gusta, me gusta, sí… es lo que se merecen esos cretinos por ignorar el poder de los libros. Dame un segundo para que complete el ritual y te entregue el talismán - dijo, mientras empezaba a lamerse felizmente los genitales.
-¿Es… es eso parte del ritual?
- ¿Eh? ¡Oh, no! Es que me picaba ahí abajo. Ahora empiezo.
El gato empezó a recitar unas palabras en una lengua extraña y cuando acabó empezó a toser de forma exagerada.
-¡Argh! El… el lomo…
-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué lomo?
-¡Qué me golpees en el lomo! ¡Que me ahogo!
-¡Ah!
Dorotea empezó a sacudir enérgicamente al gato que en una de las sacudidas escupió una pequeña piedra tallada de color rojo sangre.
-Gracias. Se me había quedado atorado. Pero vamos, cógelo.
Dorotea hizo lo que se le decía.
-Muy bien. Ahora solo tienes que concentrarte y pedir tu deseo y éste se cumplirá inmediatamente. Ahora, sólo puedes pedir lo que me has dicho antes. No se te permite cambiar de deseo. Y debes llevar el talismán siempre contigo. ¿Lista?
-Estoy lista.
Dorotea abrió la boca para pedir su deseo.
-Deseo…
Y en ese momento se despertó. El reloj de pared de la biblioteca acababa de marcar las nueve de la noche.
-Que sueño más tonto - pensó Dorotea, bibliotecaria de profesión, mientras se levantaba y se preparaba a cerrar la vacía biblioteca. - Aunque hubiese sido agradable que se hiciese realidad.
Echó a andar sin notar la presencia del gato negro que la miraba malicioso, mientras echaba a andar hacia ella.

 

Inicio, Relatos22-06-09 5:16 pm

Aquí os dejo el enlace a la página de la Asociación "Clara Campoamor" en la que resulté ganador en su sexto certamen literario en la modalidad local con el relato titulado "Magia en el mundo".

 

No es el primer certamen que gano, pero si el primero con una dotación económica. Eso, unido a que el relato no pertenece al género, digamos fantástico, que es en el que mas cómodo me siento, y que el premio me fue concedido por gente "de mi tierra" me hizo especial ilusión.

 

Pinchando aquí  podréis acceder a mi relato que ha colgado la asociación en su página. Espero que os guste.