Inicio28-11-09 5:08 pm

Pues sigue la buena racha. Hoy mismo me he presentado al VIII Concurs de Literatura Ràpida Microcontes, que organiza el Ayuntamiento de Sabadell… y he resultado ganador del primer premio.

Ha sido una experiencia muy interesante y que recomiendo a todo el mundo. El objetivo del Certamen era, según las bases, "seleccionar el mejor microrrelato redactado en el marco del concurso de literatura rápida y con el tema genérico "delitos al descubierto" y con un subtema concreto que se determinará por el jurado el día del concurso".

Nos han dado el subtema en el momento: "la pista definitiva" y una hora y media para pergeñar un micro de no mas de 1800 caracteres. Luego hemos tenido que leer nuestros relatos delante del jurado que, después de escucharlos ,se ha retirado a deliberar hasta elegir el relato ganador y el finalista.

Obviamente el original y única copia se la ha quedado el jurado. En cuanto lo cuelguen en la página web del Ayuntamiento de Sabadell os colgaré aquí el enlace para que podáis leerlo.

El premio ha consistido en un cheque regalo valorado en 300 euros para gastar en diferentes librerías de Sabadell. Creo que todos os podéis imaginar lo que van a traer los Reyes Magos de regalo a la familia de mi parte este año emoticon

Inicio25-11-09 7:05 pm

Hoy mismo se ha hecho pública la selección de relatos que compondrán la cuarta antología de la colección "Calabazas en el trastero", y debo decir que he conseguido colocar un relato muy pequeñito y muy humilde, pero del que estoy muy orgulloso, en ella.

Aquí os dejo el comunicado oficial:

 

El Equipo de Calabazas en el Trastero ha hecho pública la selección para la cuarta antología de esta colección, que llevará el título "Calabazas en el trastero: Tijeras".

La cuarta convocatoria de Calabazas en el Trastero concluyó el pasado 28 de Octubre tras recibirse 66 obras válidas a concurso. De ellas se han seleccionado las siguientes trece que compondrán la cuarta antología de la colección, la cual llevará por título "Calabazas en el trastero: Tijeras" y que será publicada por el sello Saco de Huesos:

La senda infinita (por José María Tamparillas)

Las tijeras de Atropos (por Ramón San Miguel Coca)

El rebelde (por Ángel Luis Sucasas Fernández)

La maldición del clérigo (por Andrés Díaz Hidalgo)

Las tijeras del censor (por Roberto Malo)

El tapiz (por Carmen del Pino)

Medianoche (por Juan Ángel Laguna Edroso)

El sastrecillo y el hombre cangrejo (por Alejandro J. Muñoz)

La rueda gira (por Sergio Macías García)

Recortables (por Gema del Prado Marugán)

Tom, Armand el titiritero, y las tijeras de plata (por Ricardo Montesinos)

Láquesis 2.0 (por José María Carcelen Mazcuñan)

El esquilo (por Carlos Martínez Córdoba)

La antología contará con un prologo de Juan de Dios Garduño Cuenca, miembro de Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror.

Para cualquier duda, está abierto el correo electrónico del certamen (calabazas@bibliotecafosca.com). Todos aquellos que deseen recibir noticias sobre este y futuros proyectos de Saco de Huesos podrán remitir un correo a pedro.escudero@sacodehuesos.com para unirse a la lista de novedades de la editorial.

 

Más información en

http://www.bibliotecafosca.com/

http://www.sacodehuesos.com/

La antología saldrá a la venta en marzo del 2010. Os dejo la portada para que vayáis abriendo boca:

 

 

 

Inicio, Relatos16-11-09 10:42 pm

Aquí os dejo el relato con el que participé en el TDL 8 que acaba de finalizar. El TDL es un concurso de relatos que organiza Sedice con carácter anual. He quedado en el puesto 22 de 53. Ha sido el primer TDL en el que participaba y viendo el gran nivel general y la amplia experiencia de muchos de los participantes, estoy mas que contento con mi puesto. Los 37 relatos mejor valorados se publicarán en una antología que se encargarán de editar desde Sedice.

Se propusieron seis temas: caos, muerte, sombra, supervivencia, sueños y tormenta, y había que reflejar dos de ellos en el relato.

No me enrollo más. Espero que esta pequeña historia os guste tanto como a mi me gustó escribirla:

 

Morir a los catorce

 

La débil luz de la luna se extendía perezosa, apenas iluminando el sendero del frondoso bosque por el que corría la muchacha. Iba descalza, llevando sólo unos calcetines blancos y un pijama de un color rosa apagado. Se llamaba Laura, acababa de cumplir catorce años, y sabía que esa era la noche en que iba a morir. Su perseguidor estaba cada vez más cerca. No podía oírlo, pero lo percibía. La cabeza le palpitaba con fuerza, notaba un fuerte pitido en los oídos y el corazón le latía desbocado. Sentía un miedo aterrador que sabía que se apoderaría completamente de ella y la paralizaría si tan sólo se paraba un segundo a recuperar el aliento. Volvió a pensar en sus padres, en su hermana pequeña, en los gruesos goterones de sangre que caían pesados al suelo deslizándose desde la brillante hoja del machete que sostenía aquella enorme figura enmascarada, vagamente iluminada por la pequeña hoguera, allí de pie, en mitad del campamento que había montado la familia entre risas la tarde antes.
     Recordó el hecho que le había permitido escapar con vida: era bien entrada la noche y Laura no había podido resistir más. Llevaba casi una hora intentando aguantar las ganas de orinar. Hacía mucho frío fuera de la tienda, pero al final decidió enfrentarse al relente de la noche antes que arriesgarse a hacerse el pipí encima. Se alejó de las tiendas porque sabía que se moriría de la vergüenza si por casualidad alguien la viera y cuando terminó de orinar se perdió durante unos minutos intentando regresar al campamento. Su padre siempre decía que Laura había nacido sin sentido de la orientación, y era cierto. Pero fue por ese pequeño detalle que aquella figura no la había encontrado en la tienda junto con su hermana Noelia.
     Y ahora Laura corría, mientras las lágrimas se deslizaban por sus sonrosadas mejillas. Y aquel hombre, aquella bestia, corría detrás de ella.
     Pasado el primer momento de salvaje y desbocado terror, un pensamiento fugaz había cruzado la mente de la chica: tenía que encontrar la caseta del guardabosque por la que habían pasado el día antes. Si lograba llegar allí, aquel hombre dejaría de seguirla y podría conseguir ayuda para su familia. Quizás no estaban muertos, quizás solo estaban malheridos, quizás todavía podía salvarlos, quizás…
     Tropezó con la raíz traicionera de un árbol y cayó al suelo con un golpe seco y sordo. Dejó escapar un grito de sorpresa. Intentó levantarse, confusa y desorientada, y el tobillo derecho le falló, mandándola de nuevo al suelo. El dolor la hizo sollozar. Bajó la vista y vio como su tobillo se empezaba a hinchar. Posó la mano con cuidado y la apartó con rapidez al sentir un relámpago de dolor al contacto.
     Miró desolada a su alrededor, y por una fracción de segundo pensó en rendirse. Apretó los dientes con fuerza y, agarrándose a un árbol cercano, consiguió incorporarse haciendo caso omiso a las punzadas que empezaron a sobrevenir cada vez que apoyaba el pie derecho en el suelo y que se superponían sobre el dolor sordo y constante que sentía en el tobillo. Empezó a renquear, dirigiéndose hacia donde esperaba, rezaba más bien, se encontrara la caseta del guardabosque.
     Recorrió no más de una docena de metros cuando casi chocó con la oscura figura que apareció de improviso delante de ella. Un grito de terror escapó de sus labios mientras se echaba hacia atrás.
     —No, por favor, no… —suplicó con voz entrecortada. Pensó en luchar, pero estaba cansada, tan cansada…
     La figura no dijo nada y Laura supo que no hacía falta. Comprendía lo que venía ahora. El machete la atravesaría una y otra, y otra vez. Ella notaría cada punzada cortando su cuerpo. Y dolería. ¡Cómo dolería! Pero sólo durante unos instantes hasta finalmente desaparecer. Resignándose a su destino, cerró los ojos y esperó. En lugar de la fría hoja mancillando su cuerpo escuchó:
     —Veruntamen in hoc nolite gaudere, quia spiritus subjiciuntur vobis: gaudete autem, quod nomina…
     Empezó a sentir una curiosa sensación de ingravidez, una extraña calma que la invadía. Y entonces recordó. Entonces supo. Fue consciente de aquello que una parte de ella ya sabía, del pensamiento que se le escapaba de entre los dedos como si fuera humo siempre antes de llegar a formarse, igual que se escapa la memoria de los sueños de la noche anterior al despertarte por la mañana.
     —Estoy muerta.
     La figura pareció vacilar un momento antes de continuar:
     —…vestra scripta sun in coelis…
     —Estoy muerta, ¿verdad? —repitió, esta vez dirigiéndose directamente a la figura delante de ella.
     La figura se acercó un poco y Laura pudo verle bajo el reflejo de la luna. Era un muchacho joven, no podía tener más de veinte o veinticinco años. Parecía desconcertado. El chico había escuchado que esto podía pasar a veces, pero nunca le había ocurrido algo semejante durante su corta experiencia en su trabajo.
     — ¿Sabes…? ¿Sabes que estoy aquí? Es decir, ¿puedes verme?
     Ella ignoró la pregunta y repitió:
     —Estoy muerta, ¿verdad?
     El muchacho tragó saliva y asintió.
     —Moriste aquí una noche de verano, hace dos años. Te encontró el perro del guardabosque a la mañana siguiente.
     Ella se quedó callada por un momento, como si intentara dar sentido a lo que él le estaba diciendo.
     — ¿Mi familia…?
     El rostro del joven se ensombreció.
     —Murieron esa misma noche. Los tres. Pero tú eres la única que sigue apareciendo en este bosque noche tras noche, reviviendo tu muerte y asustando a los campistas que visitan la zona.
     —Intenté huir —dijo ella, hablando más para sí misma que para el muchacho —Intenté buscar ayuda —continuó, con la voz entrecortada por la emoción. —Mi hermana, mi hermanita… mi madre siempre me dijo que cuidara de ella…
     —Lo hiciste. Buscaste ayuda. Luchaste hasta el final. Incluso ahora lo sigues haciendo, pero ya no tiene sentido. Tienes que dejarte ir. Ha llegado el momento de descansar.
     Durante un rato ella no dijo nada. Cuando volvió a hablar la voz sonó fría y cortante.
     — ¿Y el asesino? ¿Qué fue de él?
     —Lo capturaron. Está muerto. Se ha hecho justicia. Ya puedes descansar Laura. Puedes dejar de correr.
     —Sólo tengo catorce años. No es justo. Hay… había tantas cosas que quería hacer —dijo ella bajando la vista—. Nadie debería morir con catorce años. No es justo.
     —No, no lo es.
     El joven no dijo nada más, pues tampoco sabía que más podía decir. La muchacha tenía razón. No se merecía lo que le había ocurrido, pero raras veces la vida es justa.
     —Laura… tengo que continuar. Tu lugar ya no está aquí. Me resultaría más fácil si no opones resistencia.
     — ¿Dónde iré? ¿Estaré con mi familia?
     —No lo sé. Espero que sí.
     Ella levantó la mirada. Había una nueva serenidad en su rostro. Un sentido de aceptación.
     —Hazlo.
     Él asintió y comenzó de nuevo:
     —Veruntamen in hoc nolite gaudere, quia spiritus subjiciuntur vobis: gaudete autem, quod…
     La sensación de ingravidez volvió con más fuerza, y Laura se dejó llevar por ella sin oponer resistencia. Empezó a sentirse cada vez más ligera y su conciencia se fue difuminando, diluyendo, poco a poco.
     Miró por última vez el lugar donde había muerto y luego prestó atención al muchacho mientras éste cerraba el libro y la observaba con rostro serio y solemne.
     "No esté triste", intentó decirle. "Está bien. Todo va ir bien." Pero las palabras empezaban a perder su significado y de alguna manera ya no parecían tener importancia.
     Antes de desaparecer por completo y de que su conciencia finalmente la abandonara logró murmurar una última palabra de gratitud dirigida a aquel muchacho.
     —Gracias —le dijo.
     Y sonrió.

     
    Temas: Supervivencia, muerte

 

Inicio, Micros14-11-09 3:33 pm

Pues ya hay ganadora de la tercera edición de este certamen que me he encargado de organizar como ganador de la anterior Edición.

El Certamen de Microrrelatos Teseo se organiza a través de El Multiverso, y la pregunta a responder en esta ocasión era: ¿Por qué llora Medusa, la Gorgona?. El magnífico relato de la forera MariHielo nos da la respuesta. Espero que os guste:

 

Por quien suspiran las olas

 

—Medusa.

            Sorprendida, dejó caer el puñado de incienso sobre las llamas que bailaban eternamente en la vasija de piedra. El débil susurro de las brasas se apagó cuando sus ojos se posaron en la figura que se erguía ante ella. Asombrada, observó cómo el pie cubierto por las tiras empapadas de una sandalia se posaba en el umbral del templo, creando un charco de agua salada.

            Él entró sin vacilar y caminó hacia ella rápidamente. Sus ojos eran dos mares embravecidos, relucientes. Cuando llegó hasta ella, alargó una mano y acarició su rostro.

            —Medusa —dijo Poseidón, esbozando una sonrisa torcida—. La de las bellas mejillas.

            El gesto se le antojó siniestro.

Un empujón y cayó al suelo. Un golpe, otro, un súbito pinchazo cuando la espada rasgó su túnica. Su rostro contra el frío mármol del suelo. No podía respirar, su cuerpo aplastado bajo el peso del dios. El olor a sudor, a mar y a algas estuvo a punto de hacerla vomitar. Sus manos la hicieron desear estar muerta. Y el dolor…

            —Atenea —dijo, bajito, las lágrimas corriendo por sus mejillas. La primera embestida fue tan violenta que creyó ser incapaz de soportar más dolor. La siguiente fue la agonía. Después, Medusa dejó de contarlas. Se mordió el labio, sollozando en silencio, sin atreverse a moverse, a gritar, a hacer nada salvo quedarse inmóvil, mientras el dios del mar clavaba los dedos en sus caderas cada vez que penetraba en ella.

            Medusa se hundió los dedos en los brazos y rezó por poder morir, porque la estatua de su diosa fuese lo último que vieran sus ojos. Poseidón la agarró del pelo, y Medusa levantó la cara surcada de lágrimas hacia el rostro pétreo de Atenea. Entonces él gritó y se desplomó sobre ella.

—Atenea… —Medusa extendió la mano hacia la estatua buscando algo a lo que asirse, algo que la sacase de aquella pesadilla y la dejase refugiarse en el fondo de su mente enloquecida.

La diosa le devolvió la mirada.

            Medusa fue incapaz de apartar la mirada de los ojos inclementes de Atenea. La diosa, tan furiosa que su cabello crepitaba, abrió la boca, y de sus labios brotaron palabras que se clavaron en el alma de Medusa como dagas envenenadas:

            —Has profanado mi templo —dijo, iracunda.

            Medusa gritó de agonía cuando su rostro comenzó a arder, la carne deshaciéndose como cera bajo la mirada incandescente de su diosa. Cayó al suelo temblando tan violentamente que pensó que Atenea estaba robándole no sólo la vida sino también el alma. Cerró los párpados, aterrada, sintiendo cómo sus ojos se derretían en las cuencas. Los músculos de su cuerpo aullaron de dolor, los tendones se rompieron con un chasquido seco que resonó como una risa siniestra.

            Cuando abrió los ojos estaba sola.

Llorando amargamente, trató de incorporar su cuerpo dolorido, pero sólo pudo arrastrarse hasta el pórtico, dejando tras de sí un camino de sangre y lágrimas, mientras sus quedos sollozos coreaban los suaves siseos de sus cabellos.

 

Inicio13-11-09 11:02 pm

Pues aprovecho para hacer un poco de autobombo. Acaba de salir a la venta la antología que contiene los relatos ganadores y finalistas del I Certamen Monstruos de la Razón organizado por la antigua OcioJoven, ahora OcioZero.

En la antología podréis encontrar una magnífica selección de relatos de terror, fantasía y ciencia-ficción, incluyendo mi relato "Toby", que resultó ganador de la categoría de terror del certamen.

Lo publica la editorial Saco de Huesos y se puede adquirir a traves de su página web.

PD: Comentaros también, por si a alguno le apetece y puede pasarse, que la editorial Saco de Huesos realizará la presentación de esta antología el próximo jueves 19 de noviembre a las 19.00 horas en la librería Estudio Escarlata (GUZMÁN EL BUENO, 46 (esquina Fdez de los Ríos) 28015, Madrid). La entrada al evento será libre.

 

 

Inicio10-11-09 12:15 pm

Pues parece que sigue la racha (y que dure).

Se ha hecho oficial la lista con el ganador y los finalistas del IV Premio LITER de relatos de terror .

Con una participación de 190 obras, ha resultado ganador el relato “Cuando nos quedamos solos” de Ignacio Cid Hermoso.

Como finalistas han quedado:

1er finalista: “Trillizas” de María Lourdes Castro Porras.

2º finalista: “Asesinando el pasado” de Roberto Malo.

3er finalista: “Cosas que me enseñó mi abuela” de Sergio Macías García.

 

Pues un puesto de tercer finalista con el que estoy muy contento. Es un relato con el que me arriesgué bastante y me alegro de que el jurado lo haya sabido apreciar.

Enhorabuena al ganador, del que he leído algunos relatos magníficos, y al resto de finalistas.

 

Inicio01-11-09 2:45 pm

Mi relato "Ofrenda navideña" ha quedado finalista del Especial Día de Todos los Santos 2009, organizado por h-horror.com en conjunción con la editorial Círculo Rojo.

Lo podéis leer aquí.