Inicio, Relatos19-07-09 9:14 am

Aquí os dejo un relato perpetrado durante un ejercicio de escritura automática. Se proponen tres palabras al comienzo del ejercicio y se tiene que escribir sobre la marcha durante un tiempo máximo de una hora lo que te sugieran esas palabras. En este caso las palabras eran: bibliotecaria, gato y talismán. Tardé unos 45 minutos y esto es lo que salió (habría que repasarlo un poco, pero para estar completamente improvisado creo que no está mal del todo):

 

Dorotea y el gato de la dulce mirada

El reloj de pared de la biblioteca acababa de marcar las nueve de la noche. Puntual como todas las tardes a esa hora la bibliotecaria, la señorita Dorotea Swan, salió de detrás de su escritorio y se dispuso a avisar a los rezagados de que tenían que abandonar el recinto. Asimismo como todas las tardes a esa hora la biblioteca se encontraba completamente vacía.
La señorita Dorotea, que a los 64 años de edad de señorita solo tenía el nombre, ya que nunca se había casado, aunque no por falta de pretendientes, sino por decisión propia, suspiró lánguidamente. Los tiempos habían cambiado. Definitivamente. Y para peor. Entre la televisión, los videojuegos y esa cosa llamada Internet la gente ya no tenía tiempo para leer. No, mentira. Sí que tenían tiempo, lo que ocurre es que preferían malgastarlo en otros menesteres.
Mientras recorría las grandes salas y observaba con orgullo las estanterías llenas de libros recordó con nostalgia aquellos tiempos de antaño, no tan lejanos, aunque así lo parecía, en que la biblioteca estaba llena de gente: estudiantes preparando sus exámenes, niños que se acercaban a leer de la amplia selección de cuentos infantiles. Amas de casa que venían buscando libros de recetas de cocina para sorprender a sus maridos, y éstos, que buscaban libros de historia o manuales de jardinería.
¡Ah, definitivamente los tiempos habían cambiado!
-Lo que daría porque todo volviera a ser como antes - dijo en voz alta, hablando para si misma. Su voz resonó en la ámplia biblioteca y Teodora no pudo evitar dar un respingo cuando una voz le contestó:
-Creo que podemos llegar a un acuerdo.
Era un gato negro. ¡Le había hablado un gato! Éste se encontraba sentado en sus patas traseras en una de las mesas de la biblioteca, y se estaba lamiendo una de sus patas delanteras.
Lo he imaginado, pensó Dorotea. Y se dispuso a espantar al gato.
-¿Y bien? - dijo el gato, mientras continuaba con su tarea.
-Me estoy volviendo loca - dijo Dorotea.
-¡Oh, por favor! Ahorrémonos toda esta parte. No tengo todo el día - dijo el gato, con tono de impaciencia en la voz. - Ahora viene la parte en la que te demuestro que no, que no es un sueño, y que no, que no te estás volviendo loca. ¿Podemos saltárnoslo? ¿Por favor? - Y el gato le echó una mirada tan dulce que Dorotea sintió que se derretía por dentro.
-Está bien… supongo - dijo, no muy convencida.
-Estupendo - dijo el gato, bastante mas animado - Bueno, a lo que vamos. Te cuento por encima: blah, blah, blah, blah, blah… soy Lucifer que he tomado forma de gato, blah, blah, blah, concedo deseos a cambio de almas humanas… blah, blah, blah, recogeré tu alma cuando mueras, hasta entonces puedes hacer lo que quieras, blah, blah, blah… Creo que ya está. ¿Alguna duda?
-Pues… no se si…
-Estupendo. ¿Cuál es tú deseo? ¡Ah, y por favor, nada de cosas como la paz mundial, o chorradas de esas! Dos motivos: soy malo y ni siquiera yo tengo poder para conseguir cosas imposibles. ¡La paz en el mundo! - y el gato empezó a revolcarse de risa en la mesa - ¡Cómo si eso fuera posible con vosotros, los humanos!
Dorotea se quedó pensativa. ¿Qué cual era su deseo? Su primer impulso era pedir la paz mundial, pero ya la había avisado aquel gato tan mono que eso no podía pedirlo. Además, ahora que lo pensaba, lo de pedir la paz mundial lo había decidido mas porque es lo que se espera que diga una, mas que por que realmente le interesara. Siguió cavilando pero no conseguía decidirse.
-¿Me das unos días para pensarlo? - preguntó esperanzada.
El gato la miró, abriendo mucho los ojos.
- ¿Pero tú te piensas que tengo todo el día? Te doy cinco minutos, y porque hoy me siento generoso, y me acabo de comer una rata del tamaño de un cachorro de perro - contestó, relamiéndose los bigotes y ronroneando satisfecho.
Dorotea pensó a toda velocidad.
Cinco minutos más tarde, el gato habló:
- Se acabó el tiempo. Necesito una respuesta ahora.
-Muy bien. Ya se lo que quiero.
-Estupendo, Adelante, sorpréndeme.
Dorotea le dijo su deseo. El gato sonrió malicioso.
-Excelente. Muy imaginativo, y muy cruel. Me gusta, me gusta, sí… es lo que se merecen esos cretinos por ignorar el poder de los libros. Dame un segundo para que complete el ritual y te entregue el talismán - dijo, mientras empezaba a lamerse felizmente los genitales.
-¿Es… es eso parte del ritual?
- ¿Eh? ¡Oh, no! Es que me picaba ahí abajo. Ahora empiezo.
El gato empezó a recitar unas palabras en una lengua extraña y cuando acabó empezó a toser de forma exagerada.
-¡Argh! El… el lomo…
-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué lomo?
-¡Qué me golpees en el lomo! ¡Que me ahogo!
-¡Ah!
Dorotea empezó a sacudir enérgicamente al gato que en una de las sacudidas escupió una pequeña piedra tallada de color rojo sangre.
-Gracias. Se me había quedado atorado. Pero vamos, cógelo.
Dorotea hizo lo que se le decía.
-Muy bien. Ahora solo tienes que concentrarte y pedir tu deseo y éste se cumplirá inmediatamente. Ahora, sólo puedes pedir lo que me has dicho antes. No se te permite cambiar de deseo. Y debes llevar el talismán siempre contigo. ¿Lista?
-Estoy lista.
Dorotea abrió la boca para pedir su deseo.
-Deseo…
Y en ese momento se despertó. El reloj de pared de la biblioteca acababa de marcar las nueve de la noche.
-Que sueño más tonto - pensó Dorotea, bibliotecaria de profesión, mientras se levantaba y se preparaba a cerrar la vacía biblioteca. - Aunque hubiese sido agradable que se hiciese realidad.
Echó a andar sin notar la presencia del gato negro que la miraba malicioso, mientras echaba a andar hacia ella.

 

Inicio, Micros09-07-09 9:44 pm

Escrito expresamente para el Reto nº 3 de OcioZero. Las condiciones a cumplir: En el relato debe aparecer la frase "Siempre hay más mosquitos cuando anochece" y un máximo de 156 palabras.

Esta es mi contribución. Espero que os guste:

 

Pronto acabará todo

 

Paula descansa, aunque sigue ardiendo de fiebre. Le han empezado a salir ampollas por todo el cuerpo y gime en su sueño.Tengo miedo. Tengo tanto miedo que me inmoviliza, me impide razonar. Alberto se ha marchado a buscar ayuda, pero no creo que llegue muy lejos. Me odio por pensarlo, por sentirme tan derrotada, pero no puedo evitarlo. Pronto estaremos muertos.

Martín ha empezado a mostrar los mismos síntomas que Paula hace unas pocas horas. La luz que se filtra entre las hojas de los árboles empieza a molestarle, se siente débil y mareado. Se ha tumbado en la tienda de campaña y dormita en un estado de duermevela. Yo hago guardia en la entrada de la tienda. Los mato en cuanto los veo, aunque sirva de poco. La noche se acerca y también ellos. Recuerdo las palabras de mi madre: "Siempre hay más mosquitos cuando anochece." Una lagrima solitaria se desliza por mi mejilla.

 

Inicio, Micros02-07-09 12:33 pm

 

Pues nada, que ayer mismo me comunicaron que he resultado ganador de este concurso emoticon. La pregunta a responder en esta edición era: ¿Se estrelló un ovni en Roswell?. La verdad es que había micros muy buenos y no esperaba ganar. Enhorabuena a todos los participantes. Como ganador me corresponde convocar la tercera edición del certamen. Si no pasa nada, lo convocaré a finales de septiembre/primeros de octubre. Ya colgaré las bases aquí y espero que os animéis a participar. Es una experiencia muy divertida.

 

Sin más, os dejo con el micro ganador:

 

Roswell (1947)

 

Bill, tengo una idea genial para incrementar el turismo en Roswell…

 

 

 

Y a continuación os dejo el segundo micro con el que participé:

 

Encuentros cercanos en la lejana fase

 

El desierto se extendía ante ellos. Acababan de pasar una señal que decía  “5 millas hasta Roswell”.

—Voy a tener que parar aquí, cariño —dijo él—. Creo que hay un problema con la transmisión.

Ella pareció  un poco asustada, así que él la tranquilizó, comprensivo.

—No te preocupes. Las posibilidades de que nos encontremos un alienígena aquí son ínfimas. No se ve un alma en kilómetros a la redonda. Además, no tardaré mucho.

Ella se relajó.

—Tienes razón, soy una tonta.

Pararon y él se puso manos a la obra. Ella decidió quedarse sentada mientras él trabajaba, pero pronto se aburrió. Superando una ligera inquietud se decidió a salir a la fría noche del desierto.

—Ten cuidado y no te alejes demasiado —le dijo él con algo parecido a una sonrisa comprensiva.

Ella echó  a andar observando las estrellas. Escuchó un aullido en la distancia, y deseó estar de vuelta en casa y no en aquel lugar tan frío y desagradable.

Entonces lo oyó; un ruido ensordecedor a su espalda. Se dio la vuelta y casi se vio cegada por unas fuertes luces. Se quedó paralizada por el terror de verse ante lo que sin duda era un artefacto alienígena. Dos extrañas figuras bajaron de aquel extraño aparato y se dirigieron hacia ella. 
 

Unos momentos más tarde 

— ¡Tenemos que salir de aquí!

Él se dio la vuelta sorprendido. Ella corría hacia él, desesperada.

—Creo que no me siguen pero no puedo estar segura.

Él la agarró.

—Tranquilízate. ¿Qué ocurre?

—Ha sido horrible, horrible. He visto dos alienígenas.

Él palideció.

— ¿Hablas en serio?

—Sí. Por favor, por favor, vámonos.

—Está bien. Ya he terminado. Sube, mientras recojo las cosas.

¡No hay tiempo! Por favor, por favor, vayámonos antes de que aparezcan.

¡Maldita sea! —contestó él observando la dirección por donde ella había venido. Le pareció ver movimiento—. Está bien, marchémonos de aquí.

Soltó  de mala gana las herramientas que había estado usando y varios trozos de chapa ahora inservibles.

Se pusieron rápidamente en marcha. Cuando él vio que ella ya se había tranquilizado, le preguntó:

— ¿Estás segura de lo que has visto? ¿Cómo eran?

—Estoy segura. Uno de ellos era alto, parecido a nosotros. Sus extremidades eran mas largas y sus ojos mas pequeños. El otro, el que parecía más inteligente, sin duda el jefe de los dos, era mas bajo, y se sostenía sobre cuatro extremidades al contrario que el alto que se sostenía solo sobre dos. El alto ha empezado a hacer unos extraños ruidos, un galimatías sin sentido. El bajo en cambio… el bajo ha sido claro en sus intenciones. Repetía amenazante el mismo mensaje una y otra, y otra vez.

— ¿Qué mensaje era?

— ¡Guau!, me decía. ¡Guau! ¡Guau! Horrible. Ha sido horrible. ¡Guau! No lo olvidaré nunca. ¡Guau!

—Ya ha terminado todo —le dijo él—. Pronto estaremos en casa— continuó, intentando tranquilizarla, mientras la nave espacial que pilotaba abandonaba la atmósfera de la tierra y se adentraba en el profundo espacio exterior.