Inicio, Micros27-05-09 2:27 pm

—Mira, Enriquito, seguro que podemos llegar a un acuerdo dijo el diablo con voz zalamera. Tiene que haber algo que te llame más la atención que la paparrucha esa que me pides. ¿No te gustaría mejor un viaje a Disneylandia? ¿O un suministro de chucherias para todo un año? ¡Pero qué digo un año! ¡Diez años! ¡Cien!.

Enriquito lo miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Si la madre del niño hubiera estado allí en ese momento le hubiera dicho al diablo que no tenía nada que hacer. Cuando su hijo se cruzaba de brazos había que hacer su santa voluntad. Bueno, para ser sinceros, lo primero que hubiera hecho la buena mujer era pegar un grito y luego posiblemente desmayarse. Pero lo tercero hubiera sido advertir al diablo sobre la testarudez de Enriquito.

El diablo estaba cada vez más alterado. Empezó a pensar con una rapidez nacida de la desesperación:

— ¿Y un cachorrito? ¿Qué te parece un lindo cachorrito? Porque a los niños os gustan los cachorros, ¿no?

Enriquito se quedó pensativo por un minuto. Siempre había querido un perro, pero seguro que su madre no iba a dejar que se lo quedara. Además, le gustaba más su idea original:

— ¡Te he dicho que no! ¡Ya sabes lo que quiero! Me has prometido que harías lo que yo quisiera a cambio de mi… arma… ismo, inmo…, eso.

—Lo sé, lo sé dijo el diablo apaciguador pero es que lo que pides no tiene demasiado sentido y tampoco es plan de tirarme piedras sobre mi propio tejado. Además de que crearías un vacío de poder en la cosmogonía universal y una perturbación en el equilibro cósmico que tendría graves consecuencias para… intentó razonar el diablo de nuevo.

Enriquito se negó a seguir escuchando y empezó a gritar a pleno pulmón.

— ¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡HAZLO! y una vez dicho esto soltó un chillido que lo hizo ponerse rojo como un tomate y que  casi destroza los tímpanos del pobre diablo.

—En fin…  dijo el diablo con gesto resignado. Un trato es un trato Y luego por lo bajo. Maldito niño, espero que ardas en el infierno aunque sabía que ya no iba a ser así. Hizo un aparatoso gesto con las manos, se escucho un “bamf” y desapareció envuelto en una apestosa nube de humo y azufre.

Enriquito se quedó mirando el lugar hasta donde hacía unos breves segundos había estado el diablo. Le empezó a gruñir el estomago y pensó que quizá después de todo si tenía que haber elegido las chuches. Decidió volver a casa y merendar algo para luego continuar quemando hormigas y arrancándole las alas a las moscas, libélulas y mariposas que tuvieran la mala fortuna de cruzarse en su camino.

Y así fue como, gracias a Enriquito Benítez y la fase destructora que estaba atravesando a sus tiernos nueve años, el diablo dejó de existir.

Aún está por ver si nos hizo un favor, porque a ver a quien le echamos ahora las culpas de todo lo que va mal en el mundo.

 

 

Inicio, Micros26-05-09 2:12 pm

Celia se lava bien las manchas de la cara y las manos y se cambia de pijama. Como mamá siempre dice, una debe irse bien aseadita a la cama y más en la víspera de navidad. Mamá ya no vive con ellos y Celia la echa mucho de menos. Celia sabe que si alguien tiene la culpa, ese es el abuelo. Desde que se vino a vivir con ellos, papá y mamá comenzaron a pelear a todas horas, y ahora mamá se ha ido de casa. Pero Celia tiene un plan. Sólo tiene nueve años, pero como la maestra dice, es muy despierta para su edad. Celia sabe que Papa Noel realmente existe. No el de los cuentos o las películas de la tele, ese es de mentira, sino sobre el que ha leído en los libros de for, fol… ¿Cómo es la palabra?… ¡Ah, sí!, folklore, que papá usa para dar clases en la universidad. Es un dios celta que concede tu mayor deseo, pero requiere una ofrenda especial. Ofrenda significa regalo. Celia lo sabe porque lo ha buscado en el diccionario. Así que Celia ha preparado la ofrenda. Ha sido difícil y le ha dado un poco de asco y también tristeza, pero ha merecido la pena, porque cuando amanezca, mamá volverá a estar con ellos. Celia se mete en su cama y se acurruca. El despertador marca las 2.30 de la mañana. Una sonrisa de felicidad ilumina la cara de Celia.

Diego se levanta silencioso. El reloj marca las 5.45. Tiene que colocar los regalos para Celia. Estas navidades le ha comprado la bicicleta que lleva tanto tiempo pidiéndole. Es un capricho caro, pero desde que Ana le dejó por otro hombre no sabe decirle que no a su hija. Dirige sus pasos hasta el salón donde han colocado este año el árbol. Allí en la oscuridad vislumbra a su padre, que se ha vuelto a quedar dormido en la mecedora viendo la tele. Se acerca para despertarlo y mandarlo de vuelta a la cama.

El grito de horror de Diego rompe el silencio de la noche.

Inicio 1:30 pm

Pasen. Pasen y vean lo que este humilde mercader tiene para ofrecerles: pequeñas historias de amor y desamor, muerte y desolación, pero también esperanza y alegría y en algunas ocasiones humor. Y sobre todo sangre. Mucha sangre. Y alguna que otra víscera…

Todo ello cosecha propia, colocada con disposición y esmero para el mejor disfrute de todos ustedes.

Espero les guste lo que tengo para ofrecerles y vuelvan a honrarme con el placer de su visita en un futuro no demasiado lejano.